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lunes, 1 de febrero de 2010

LILIANA V. BLUM






EN NOVELA Conjugará el pasado imperfecto


La escritora Liliana V. Blum se encuentra en el proceso de escritura de su segunda novela apoyada por una beca



Beatriz Durán Maldonado
La Razón


Una hija de repente se ve con su padre en el hospital; tendrá que ocuparse de cuidarle a pesar de que cualquier intento de conversación es el brote para una pelea, por lo que sostiene conversaciones con los otros pacientes contándoles sobre una infancia que no fue, a manera de resarcir un pasado imperfecto.
Esta pudiera ser la sinopsis de la novela que Liliana V. Blum se encuentra escribiendo bajo el posible título -aunque no le gusta- de "Conjugar el pasado imperfecto" gracias al apoyo del PECDA (Proyectos de Estímulos a la Creación y el Desarrollo Artístico) que emitió el gobierno del estado de Durango, de donde es originaria, para este 2010.
"Es una novela sobre recuentos, cositas del pasado de la protagonista como niña; y al final ella tomará una decisión como que muy dura" expone la escritora sobre el contenido de su segunda obra oficial dentro de este género narrativo, aunque no es una de sus primeras veces. "De hecho cuando estaba en prepa escribí una y hasta la envié al concurso de Alfaguara, en el año que, creo, ganó Vargas Llosa" recuerda riéndose un poco de ella misma y comenta "hay quienes dicen que el Libro Perdido de Heinrich Böll es una novela".
Escribir bajo la consigna de una beca, aseguró: "tiene sus pros y sus contras; para la primer novela, siento que hubo ciertos períodos en los que escribí porque tenía que hacerlo; entregué papeles pero al final no era lo que yo quería, no quedé satisfecha; sin embargo, tienes una disciplina, de otra manera se te va el año y no haces nada, o picas n-mil proyectos pero no terminas ninguno".
Blum, quien tiene en su haber cinco títulos de libros además de estar incluida en varias antologías, dentro del género del cuento, reconoce que escribir novela es un gran reto.
"Me inspiro en cosas que leo, noticias, cosas que le suceden a alguien, gente cercana a mí; la inspiración está basada como en mi propia experiencia, intento manejar emociones; pienso que no hay hay algo más fascinante que los seres humanos", reflexiona.
Prolífica escritora, como voraz lectora prefiere la literatura hecha por mujeres, aunque asegura "me gusta más lo tradicional, una historia donde me pueda meter y perderme, siempre leo en inglés, literatura contemporánea pero nada experimental" comenta. Continúa "casi siempre leo extranjeras, de las mexicanas Cristina Rivera Garza se me hace interesante, me gustan mucho los cuentos de Ana María Bergua, pero leo mucho a escritoras canadienses como Margarte Atwood, Barbara Gaudi, o Joyce Carol, también me gusta Murakami y un autor israelí".

PREOCUPACIÓN SOCIAL
Aunque la escritora tiene una gran preocupación con lo que ocurre socialmente en el país, opina que la literatura no es un medio para el discurso: "estoy en contra de la literatura con mensaje o tintes políticos, pienso que si quieres criticar al PRD o al PAN o a cualquier partido, está el ensayo o el artículo, pero yo pienso que la poesía y la narrativa deben estar limpios de eso; finalmente hay formas de ver que a lo mejor están coloridas por ciertas posturas, pero no debe haber una agenda, de que no tienes que convencer a alguien; solo es mostrar una historia y que la gente saque sus propias conclusiones".
En una ocasión atestiguamos que no permaneció indiferente a la miseria humana; en una ocasión, en una Feria del Libro celebrada en la ciudad, pasó enfrente un indingente cubriéndose apenas con un plástico de uno de nuestros fuertes nortes, provocándo lástima en todos los presentes; la Blum no resistió y le regaló su suéter, quedándose apenas con una blusita.
Aunque ha sido ganadora de varias becas y estímulos a la creación, Liliana nunca ha ocultado su opinión de que siempre es poco lo que se destina para proyectos sociales, dada la situación del país. "De todos modos, son estímulos y ya que están asignados así, sí considero que es una forma de estimular al creador, aunque creo que debe asignarse más para la creación de públicos, de nada te sirve que haya muchos directores de teatro, escritores, pintores, si nadie te va a ver o si no va haber nadie que te lea" propone. " A lo mejor que fuera menos a creadores y más a creación de públicos, a la larga sería más beneficioso; uno como creador, a lo mejor tienes otras fuentes de ingresos, o deberías tenerlas", insiste "es mentira que el gobierno te debe estar dando para escribir; de todos modos debes estar produciendo. En cambio, si no creas lectores, públicos, se quedan los libros ahí entambados".
Opinó que aunque no hay mucho que celebrar para este 2010, "sí estamos mejor ahora que antes; a mí me tocó de niña, que no había muchas cosas, la pluma Bic pues fallaba, ahora te acabas las plumas, es buena la competencia, un milky way que te traían de fayuca, era 'Wow'; antes te burlabas del presidente, desaparecías y morías, ahora todo mundo hace caricaturas, básicamente puedes decir lo que quieras; en muchos sentidos estamos mucho mejor, pero no bien del todo".

VIDA DIGITAL, VIDA ACTUAL
La duranguense no solo tiene una gran presencia en la red, tanto en sus blogs, como a través de las redes sociales, sino que además las ha usado como herramientas para estar al día o en contacto con el mundo literario en el mundo.
"Es parte ya de la vida, es una forma como, increíble, de estar en tiempo real, de estar en contacto" asegura, "el otro día me contactó una vecina que vivió cerca de mi casa de Durango, te encuentras gente que a la mejor nunca la ibas a encontrar (por medios tradicionales). Yo pienso que estamos más en contacto humano que nunca".
A través de Facebooks o Goodreads ha realizado contactos en el mundo editorial y para proyectos nuevos. "La sociedad si está divida en ese aspecto; es generacional, de 40 años hacia abajo están más en contacto con el mundo digital, a veces le dices a alguien 'te envío el cuento por correo' y que te contesten 'es que no tengo correo', pues esto te limita aún" opina.
Justamente señala que la red ha venido a democratizar muchas cosas, "antes las convocatorias no llegaban al conocimiento de todos, solo a unos cuantos, pero al estar en la web, todos nos enteramos, así sí al responsable de la cultura no le interesa, o que te quiera bloquear, tú estas enterado". Reconoció además que en la comunidad artística, al menos entre escritores, sí existen "discrepancias y desavenencias, pero tampoco es de tener enemigos, como que eso toma mucha energía y pasión; aunque sí hay envidias, gente que te cierra puertas".




LIBROS
El libro perdido de Heinrich Böll (Editorial Jus : México, 2008); The curse of Eve and other stories. Traducción de Toshiya Kamei (Host Publications : Austin, Texas, 2008); Vidas de catálogo (Fondo Editorial Tierra Adentro : México, 2007); ¿En qué se nos fue la mañana? (Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes : Ciudad Victoria, Tamaulipas, 2007); La maldición de Eva (Editorial Voces de Barlovento : Tampico, Tamaulipas, 2002)


ANTOLOGÍAS Antología mínima del orgasmo (2009); El espejo de Beatriz ( 2008); Atrapadas en la madre. Compilada por Ethel Krauze y Beatriz Espejo (Alfaguara Editorial : México, 2007); Perros de agua : nuevas voces desde el sur de Tamaulipas. Compilada por Liliana V. Blum y Sara Uribe (Miguel Ángel Porrúa Editores - Ayuntamiento de Tampico : México, 2007); Usted está aquí : antología de novísimas narradoras. Julio Ortega, coordinador (2007); La difícil brevedad : selección de Minicuentos (2006); Jóvenes Creadores Generación 2004-2005; Antología de letras, dramaturgia y guión cinematográfico (2005); ¿El crimen como una de las bellas artes? II (2002)
RECONOCIMIENTOS
Concurso Internacional de Narrativa Breve CICLA -Centro Israelí para las Comunidades Iberoamericanas- “Escribiendo sobre el conflicto.” (2007); Premio Kwitol Iník Tampico 2006; Concurso Regional del Noreste “Juan B. Tijerina”. Cuento (ITCA) y los estados del Fondo Regional para la Cultura y las Artes (Chihuahua, Coahuila, Durango, Nuevo León y Tamaulipas); Premio Nacional de Cuento “Beatriz Espejo” (2005): “Kisses on the forehead”, traducido por Toshiya Kamei y publicado en Hobart, elegido entre miles como uno de los mejores 100 cuentos publicados en línea durante el año 2005 en Million Writers Award Notable Stories of 2005. Primer Lugar. Minicuento. Segundo Certamen Regional de Minicuentos. CRIPIL Noreste – Casa de la Cultura de Nuevo León

miércoles, 26 de agosto de 2009

Un cuento de Liliana V. Blum

El mar estaba muy frío







Cuando tengas ganas de morirte
no alborotes tanto: muérete y ya.
Jaime Sabines








Fue a Tampico porque luego de investigar a fondo, decidió que las aguas del Golfo eran las más apropiadas para suicidarse. Eso y porque una amiga de esas aventureras se lo había recomendado como una manera de salir de la depresión. Hemingway fue el primer suicida que le vino a la mente, pero cuando se enteró que el cuerpo del pobre diablo ya estaba en franca decadencia –alcohólico, impotente, hipertenso, diabético y dermatoso– y que lo más digno le había sido darse un tiro, pensó que no tenía mérito alguno acabar con la vida en aquellas circunstancias, cuando la propia Naturaleza comenzaba a pasar la factura del cómo se vivió. Además, era un hombre, un mujeriego. ¿Qué podría tener en común con ella? Entonces, optó por el ámbito femenino-literario. ¿No era ella, después de todo, una persona culta, una artista en ciernes? ¿No le decían siempre que tenía grandes talentos ocultos? ¿No poseía una mente analítica y un alma sensible al arte? Había tomado un par de cursos en literatura, así que se consideraba con la autoridad de saber lo que hacía. Fue de esa manera como redujo su lista de investigación para el mejor método suicida a tres escritoras y tres personajes literarios.

Una lengua vacuna y helada lame sus pies. El agua vuelve a retirarse y ella siente hundirse unos centímetros en la arena húmeda y compacta. El frío de la piel parece incrustarse en sus vértebras. Por un segundo tiene la certeza infantil de que será tragada por la playa. Levanta un pie, luego el otro, y con la llegada de otra ola vuelve a incrustarse en la arena. Piensa con temor en todos los bichos que tienen su hogar justo allí, donde sus pies se encuentran enterrados y fuera de su vista. En el siguiente instante, un miedo la estremece cuando ve pasar algo flotando justo frente a ella. Frunce los ojos e intenta enfocar, pero sin mucho éxito. La brisa es demasiado fresca para su gusto. No dará un paso más hasta que sepa qué cosa es aquella que flota con tétrico vaivén. Julieta espera, se abraza a sí misma e intenta, para conservar la calma, perder la mirada en las aguas negras que tiene delante.

Quiso iniciar con las mujeres reales. Tenía el cabello recogido en una cola de caballo y el rostro limpio. Preparó un café instantáneo, se puso los anteojos y prendió la computadora. La pantalla se llenó de azul; la música del sistema operativo la reanimó y por un instante tuvo la sensación de estar bien. Pero recordó que era una suicida, un ser humano sumido en la miseria de la existencia, un alma demasiado frágil para este mundo. Así que se llenó de agobio, sintió que las ojeras se apoderaban de su triste cara, y con las lágrimas humedeciéndole la vista de autocompasión, procedió a dibujar una tabla en el cuaderno que tenía en frente: nombre, método, edad al morir. Era un cuaderno hermoso, con tapas duras de color verde espárrago, hojas nítidamente rayadas y con puntos para desprenderlas; una pintura de Van Gogh adornaba con sobriedad la portada. Era una verdadera lástima que tuviera que servir tan lúgubre tarea, con toda su belleza y sus doscientas hojas casi en blanco, pero así era la vida de injusta. Luego de varias entradas en su buscador preferido, Julieta obtuvo varias respuestas. Aprendió que Virginia Wolf tomó su propia vida en las aguas del Ouse, a los 59 años, que Alfonsina Storni hizo lo propio a los 46, pero en el Mar del Plata y que Sylvia Plath, de tan sólo 30, metió la cabeza dentro de la estufa y dejó escapar el gas. Tan joven, pensó. Como yo. Y qué forma tan brutal. Dos a uno. Las escritoras maduras preferían el agua para morir con decoro, fama y buen gusto.

La oscuridad se disipa un poco y la vista de Julieta tiene mejor oportunidad de analizar el objeto que la perturba. Se trata de una tortuga muerta flotando con el caparazón al revés, las pequeñas y lánguidas piernas a la vista. Intenta alejarla aventándole agua con las manos, pero aquel cadáver permanece inamovible. Julieta toma las sandalias que había dejado unos pasos atrás, y camina unos treinta metros hacia la derecha, hasta lo que considera será un terreno libre de tortugas difuntas. Allí, Julieta se obliga a dar un par de pasos adentro, pero el frío del mar le impide seguir. Seguramente el Ouse y el Mar del Plata eran mucho más templados. Una brisa mueve su cabello y el sol entibia un poco sus hombros llenos de pecas. ¿Por qué no trajo el protector solar? Claro, iba a matarse de madrugada, antes del calor, y ahora ese plan está arruinado. ¿En qué se ha ido el tiempo? Ella tomó sus precauciones levantándose temprano y desayunando desde las cinco de la mañana. Una lágrima se le escapa cuando piensa que mantuvo la dieta en aquel su último desayuno. Media toronja, un pan integral tostado y café negro. ¿Por qué no tomó unos hot cakes cubiertos de mantequilla y miel de maple y un gran vaso de jugo de naranja? La muerte no dejaría que absorbiera toda esa grasa y calorías. Julieta se sorprende a sí misma desviándose del tema principal: su propio suicidio. Su plan de muerte fuera de tiempo, obstaculizado por eventos más allá de su control. Pero ella es flexible, creativa, capaz de adaptarse. Eso lo supo luego de leer varios libros de autoayuda. No se amendrantará ante el cambio. Así que avanza un poco más: un alga resbalosa se le enreda en los tobillos. Da un brinco y mueve las piernas con fuerza hasta que aquella planta primitiva se desprende.

Luego de prepararse otro café, buscó a los personajes femeninos. Emma Bovary fue la primera, por ser la más famosa. Arsénico. Ella, culpable de infidelidad. Terribles dolores, una muerte lenta. Julieta modificó la tabla para incluir posibles causas para el suicidio. ¿Por qué era que ella, Julieta Robles, iba a tomar su propia vida? Sin duda, era más fácil indagar explicaciones en la literatura que en la vida real. Tomó algunas notas y siguió buscando. Ana Karenina, otra adúltera que murió por cuenta propia bajo el paso de un tren. Julieta se estremeció. Imaginó el cuerpo desmembrado, la sangre sobre las vías. No, definitivamente y a pesar de tener a la mano en la ciudad el sistema de transporte colectivo Metro, no era un método que ella quisiera usar. Además, era algo tan socorrido por los agobiados capitalinos, que era ya un lugar común. Ella no sería como todos. Bajó a la cocina por galletas con chispas de chocolate antes de seguir su investigación. Con el último sorbo de café, se enteró de que Edna Pontellier, el personaje de Kate Chopin, no soportó el despertar de su sexualidad y las exigencias de ser madre, esposa, señora de sociedad: caminó mar adentro hasta perderse. Otra vez el mar, el agua. Finalmente (y a Dios gracias, porque los ojos comenzaban a arderle por la pantalla), tuvo su método ganador.

Apenas repuesta del asco del alga y de un cangrejo que descaradamente cruzó sobre su empeine, Julieta trata de recuperar la compostura y la seriedad que le corresponde a quien está a punto de cometer el último gran acto de su vida. Imagina la cara de su madre cuando llore en la misa de su funeral, la mirada anegada en lágrimas de sus hermanas, sumidas en su estúpido mundo de madres y esposas. La sorpresa de Miguel, que siempre le negó su amor. Se sentiría culpable. El ruido de un motor y música tropical hacen que Julieta salga de sus pensamientos y se vuelva a ver lo que hay a sus espaldas. El día está en su apogeo. Varios vehículos se estacionan y en un momento la playa está llena pelotas, sombrillas, cervezas, grabadoras, niños, bolsas de papas fritas, pollos asados para llevar. Gente, mucha gente y algarabía. Más gente que llega con toda su parafernalia playística. Julieta respira hondo y para disimular, recoge una conchita a sus pies. Como si hubiera venido hasta Tampico sólo para levantar la mitad del caparazón de un molusco que ya no está. El mar ya no es negro, es azul oscuro, y refleja con intensidad los rayos del sol de la mañana. La escena ya no le parece tan literaria, como el fragmento de la novela de Chopin que leyó en línea. El mar es simplemente bello e imponente, como todos los mares.
Julieta decide intentarlo en otra ocasión, cuando no sea Semana Santa y tenga, por lo menos, un marido a quien serle infiel.





Cuento publicado en el libro "¿En qué se nos fue la mañana?", Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes, 2007.
PUBLICADO EL DOMINGO 23 DE AGOSTO 2009